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El capítulo comienza con Melchor en su despacho de la comisaría de la Terra Alta cuando recibe una llamada que informa de dos cuerpos muertos en la masía de los Adell. Después de armarse, baja al coche, llega a la masía y, junto al patrullero Ruiz y al agente Mayol, preserva la escena. Dentro descubre dos ancianos torturados y mutilados, con signos de un posible ritual, y constata que la puerta no fue forzada y que las alarmas y cámaras estaban desconectadas. Melchor informa al sargento Blai, a los subinspectores Gomà y Barrera, y la escena pronto se llena de unidades de la policía científica, periodistas y el subinspector Gomà, que dirige la investigación, ordena el precintado de la casa y la recogida de pruebas. Gomà convoca una reunión en la comisaría con diez agentes, incluido el caporal Salom, para planificar el caso: se discuten hipótesis sobre profesionales versus ladrones, posibles motivos (robo, venganza, ritual) y la necesidad de entrevistar a la familia Adell y a los empleados. Se menciona que la cocinera ecuatoriana María Fernanda Zambrano y la criada rumana Jenica Arba estaban presentes la noche del crimen. Se plantea la recopilación de datos de teléfonos móviles y la investigación de los fondos de la empresa. Melchor, mientras tanto, recuerda su infancia y juventud: su madre Rosario, prostituta en Badalona, su incursión en el narcotráfico, su arresto, la condena, la violencia en la cárcel y la relación con su abogado Domingo Vivales, quien falsifica su certificado de antecedentes para que ingrese en la escuela de policía. Tras cumplir la ESO en la cárcel y obtener el título, Melchor se gradúa como mossos d'esquadra, supera la prueba de tiro y comienza a trabajar como investigador. Durante su carrera, sufre un ataque terrorista en Cambrils, donde actúa como tirador y se convierte en “héroe de Cambrils”, atrayendo la atención de los medios y de la dirección, que le propone un traslado a la Terra Alta por su seguridad. De vuelta en la zona, Melchor y Salom siguen investigando la masía y, después de la reunión, se dirigen a la fábrica Gráficas Adell. Allí interrogan al gerente José Grau, quien describe a los Adell como empresarios poderosos, habla de su propio pasado y de la relación con la familia, y sugiere que los Adell tenían enemigos pero también muchos admiradores. Más tarde, Melchor y Salom son invitados a la casa de Albert Ferrer, y Ferrer les cuenta detalles sobre la empresa, su papel como consejero delegado, su relación con la familia Adell y la falta de información sobre posibles motivos del asesinato. Finalmente, Melchor y Salom se encuentran con Rosa Adell, hija de los muertos, quien les revela que su familia no tiene pistas claras, que los empleados no parecen sospechosos, y que la empresa enfrenta un futuro incierto. El capítulo cierra con Melchor recibiendo llamadas de Vivales y reflexionando sobre la complejidad del caso mientras continúa la investigación.